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Me desperté a media noche con un sobresalto. El ruido era como el agua que cae de una cascada ,
acompañado por el ruido de un motor. Pronto me di cuenta de que lo que estaba sintiendo era en el
oído izquierdo y pensé que tal vez era a consecuencia de algún problema de los senos nasales, o de
que tal vez tuviera agua en el oído. A los pocos días llamé al médico y éste me refirió a un
especialista. Me dijeron que hiciera una cita para que me hicieran un estudio y no la hice porque
pensaba casarme y esto no estaba dentro de mis planes de matrimonio. Después de la luna de miel
decidí que tal vez hubiera un problema más serio ya que no sólo seguía teniendo el ruido, sino que
estaba casi sorda de ese oído. Me di cuenta de que tenía que hacer unos ajustes en mi vida tanto en
el trabajo como en la casa. Ya no podía contestar el teléfono del lado izquierdo y siempre me
volteaba para que la gente me hablara al oído derecho. Con mi seguro nuevo y otro médico me
refirieron a un neurólogo, el cual ordenó que se me hiciera una resonancia magnética. La resonancia
magnética mostró que tenía un tumor en el nervio que va del oído al cerebro. El tumor estaba
localizado en la base del cerebro, lo cual ocasionaría más problemas con el tiempo. Le di gracias a
Dios de que no hubiera daño en mis nervios faciales y de que mi equilibrio estaba bien.
Mi compañía de seguros me envió a ver al Dr. Kenneth Ott, neurocirujano, quien iba a
considerarme para el tratamiento con Gamma Knife. El Dr. Ott describió cuidadosamente mi
padecimiento y me habló de las distintas opciones. Me dijo que una de éstas era cirugía para
quitar el tumor, pero que podría quedar con alguna lesión en el nervio y que el tiempo de
recuperación sería largo y que existía el riesgo de infección. La otra opción era el
procedimiento con el Gamma Knife. Ni siquiera tuve mucho que pensar, sólo rezar y
preguntarle a Dios si ésta era una buena idea. Confié extremadamente en el Dr. Ott y en el
Gamma Knife y programaron el procedimiento. Todos en el Centro eran extremadamente amistosos
y amables. Mientras mi familia esperaba me prepararon para ponerme el casco y me dieron el
tratamiento que solamente duró de 10 a 15 minutos. Me quedé a pasar la noche en el hospital
solamente por cuestiones del seguro. A los pocos días regresé al trabajo sin tener efectos
secundarios. No solamente estoy impresionada con el proceso del Gamma Knife, pero los
doctores y enfermeras y todos en general me hicieron sentir bien y con la confianza de haber
tomado la decisión adecuada. Le doy gracias a Dios diario por haberme encaminado hacia el
Centro de Gamma Knife.
K.G.
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